Ciencia y emprendimiento: cómo dar el salto a la industria

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Ciencia y emprendimiento: cómo dar el salto a la industria

Llevar el nuevo conocimiento científico a las compañías, mejorando sus procesos y productos, y resolver las nuevas necesidades de la economía global, será imposible si no logramos que nuestros investigadores y empresas comiencen a trabajar más sinérgicamente. Emprender con la ciencia no es simple, pero sí es posible y muy necesario para la etapa en que se encuentra el país.

Ciencia y emprendimiento: cómo dar el salto a la industria

Por Pablo Albarracín Bermúdez. El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) es muy claro al respecto: las compañías que logren destacar dentro de esta competitiva Economía Digital que ya golpea nuestras narices mucho antes de lo que pensábamos, ​​serán aquellas que logren sistematizar su capacidad para agregar valor a través de la innovación y la incorporación de tecnologías.

Los gobiernos también deben hacer su labor al permitir que mejores y más brillantes investigadores, connacionales y del mundo entero, puedan colaborar con mayor libertad. "Hay una verdadera preocupación en la comunidad científica porque no podemos comunicarnos con todo el mundo tanto como que nos gustaría", dice Brian Cox, de la Universidad Real Sociedad Research Fellow de la Universidad de Manchester.

Un ejemplo. El experimento del Gran Colisionador de Hadrones (LHC), uno de los esfuerzos científicos más titánicos del mundo contemporáneo, que busca recrear las condiciones del universo durante el Big Bang, no hubiese sido posible si no fuera por la cooperación que se generó entre 86 países y US$ 9 mil millones de financiamiento de diferentes fuentes.

Como podemos apreciar, la ciencia de alto impacto y las tecnologías de alto rendimiento fueron, son y serán los catalizadores del desarrollo de empresas, gobiernos y comunidades. Dentro de este paradigma, que no podemos dejar de afrontar como país, la necesidad de llevar la ciencia y las investigaciones científicas al sector productivo, a las empresas, creando emprendimientos científicos, spinoff y nuevos negocios, se asoma como una tarea fundamental si queremos alcanzar niveles de desarrollo como Singapur, Israel, Finlandia, Nueva Zelanda o India.

Llevar el nuevo conocimiento científico a las compañías, mejorando sus procesos y productos, y resolver las nuevas necesidades de la economía global, será imposible si no logramos que nuestros investigadores y empresas comiencen a trabajar más sinérgicamente. Emprender con la ciencia no es simple, pero sí es posible y muy necesario para la etapa en que se encuentra el país.

Del laboratorio al mercado: la nueva tarea de la investigación científica

“El NBC de la PUCV surge como una estrategia para generar nuevos modelos de negocios y aumentar la competitividad de las empresa chilenas, en concordancia con los ejes estratégicos prioritarios de las regiones en que estas empresas se ubican, generando una capacidad instalada en la región de Valparaíso que apoya, levanta y desarrolla proyectos innovadores y tecnologías de punta para el desarrollo del país”, dice Roxana Villegas, coordinadora de Capacitación, Transferencia y Extensión del Núcleo Biotecnológico de Curauma (NBC) de la PUCV. “El NBC cuenta con investigadores de primera línea de modo de aportar con conocimientos científicos y tecnológicos de excelencia incrementando la competitividad de las empresas chilenas a través de la biotecnología”.

La biotecnología, tal como relata a Chrysalis, Roxana Villegas, del NBC, es un sector con una alta capacidad de insertarse y solucionar problemáticas de múltiples industrias, como la minería, la alimenticia, la acuicultura, la salud, la genética, entre otras. Es por ello, que lo que hace el NBC, así como otros centros de excelencia nacionales (como el CEBIB, el CREAS o el BNI, por mencionar algunos) tienen un gran valor puesto que están sacando la ciencia de los papers para llevarla a la aplicación, a la solución, a aportar y mejorar la industria.

El WEF señala que las empresas que invierten en biotecnología y nanotecnología están disfrutando de una mayor rentabilidad de la inversión. La globalización, después de todo, ha ayudado a ampliar el mercado de productos de ciencias biológicas. Los países en vías de desarrollo, como Chile, tienen una gran oportunidad.

Esto es precisamente lo que vio Guillermo Avendaño, investigador y académico de la carrera de Ingeniería Civil Biomédica de la Universidad de Valparaíso, quien ha venido desarrollando desde hace varios años toda una dinámica de relación con el sector productivo, más específicamente en las áreas de la Bioinstrumentación, Psicofisiologia, Seguridad Hospitalaria, Radiometría, Simulación de procesos biofisicos y equipos médicos. Avendaño es miembro fundador y parte importante en la creación del Centro de Tecnologías Hospitalarias (CTH).

Avendaño planteó desde un inicio la necesidad de implementar la Bioinstrumentación y enseñarle a los ingenieros que están formando, cómo funcionan todos los equipos médicos que se usan en los hospitales, que son de una enorme variedad, y que sean capaces de conocerlos, incluso diseñarlos y construirlos.

Además Avendaño fue clave en la incorporación del CTH de la Ingeniería Clínica, que aporta una sistematización estudiada de múltiples procesos y tareas de un centro de salud, con el objetivo de potenciar y mejorar su gestión, tanto desde el punto de visto de vista clínica, económica o de la seguridad del paciente. Las ventajas de la Ingeniería Clínica son claves explica Avendaño.  

“El CTH está satisfaciendo una necesidad que se había generado por el desarrollo hospitalario que se estaba produciendo en el país y que no tenía apoyo”, dice Avendaño. Hasta ese momento no existía en el país un centro que estuviera asesorando a los hospitales en todo lo relacionado a la  Biomedicina y la Ingeniería Clínica.

“Lo que se estaba haciendo (antes de la creación del CTH) era solo empirismo, entonces ¿cómo rompemos ese empirismo?, bueno creemos este organismo y vamos acercándonos al Ministerio, vamos acercándonos a los hospitales ofreciéndoles nuestros servicios”, explica el ingeniero Biomédico. “Hoy en día el CTH, es una entidad que se autofinancia, que tiene una gran cobertura, que está comprometida con varios proyectos, que tiene un equipo de profesionales muy competentes y que, incluso, requiere más profesionales de los que cuenta”.

(Foto: María Elvira Zúñiga, Directora del CREAS)

Para María Elvira Zúñiga, Directora del Centro Regional de Estudios en Alimentos y Salud (CREAS) de la PUCV, el camino del laboratorio al negocio también resulta complejo, pero una necesidad a estas alturas. “En la medida que tú vas avanzando en la cadena de creación y aplicación de conocimientos, te vas acercando más el emprendimiento y se han dado muchos casos en los que genera cierto conocimiento, en la medida que tú vas viendo que este conocimiento tiene un potencial económico. Esto es lo que ha llevado en muchos caso a crear los spin off, en que uno empieza a buscar socios y quiere participar, que es la otra alternativa, participar de la innovación del conocimiento, del negocio del conocimiento que se ha creado”.

¿Debe el investigador solo dedicarse a la ciencia?

Esta es la gran interrogante.

“Los problemas son la falta de RR.HH especializado para hacer ese puente (ciencia-empresa”, señala a Chrysalis, Juan Asenjo, Ph.D en Bioquímica Premio Nacional de Ciencias 2004, Presidente de la Academia Chilena de Ciencias y Directror de centros de excelencia en biotecnología. “En EE.UU, donde fui profesor muchos años, existe una cultura, un know how de cómo hacer este puente. Existe un profesional que hace ese trabajo, son empresas aparte”. Asenjo señala además que en Chile no hay capital de riesgo que vea como un negocio a las investigaciones científicas.

Para Asenjo el investigador tiene que hacer muchas cosas, y no es él quien precisamente debe gestionar sus investigaciones con el sector productivo. “No están los profesionales para hacer esto, no se pueden hacer los spinoff acá, los fondos de Corfo no tienen aún la forma. Hay que generar este tipo de profesional y  la industria de capital de riesgo debe sumarse”. Otro tema señala Asenjo, son las patentes que en Chile resultan demasiado caras y muchas veces los investigadores se van a patentar al extranjero.

Para la Directora del CREAS,  existen muchos investigadores que no requieren de estudios de negocios muy profundos o grandes conocimientos para entender de que se puede desarrollar un proyecto en conjunto con la empresa.

“En algunos casos también se puede dar de que los investigadores no son los que van a reunirse con la empresa, como ocurre en generalmente en el CREAS, normalmente hay un equipo de gestión que va en conjunto con el investigador a reunirse con el sector productivo. El Investigador sabe lo que quiere lograr y el equipo de gestión va analizando cómo se pueden complementar, los acuerdo de colaboración, bajo qué términos, cómo hacer los ofrecimientos respectivos, etcétera”, señala a Chrysalis María Elvira.

Para Avendaño, de la Universidad de Valparaíso, existe un factor clave en este camino de llevar la ciencia a la industria y generar nuevos negocios y empresas. “Hay un requisito fundamental para que eso ocurra y es que el investigador tenga una mentalidad flexible y supere el academicismo y las cúpulas de cristal. Esto es un requisito sine qua non y es curioso, parece fácil, pero es bastante difícil para algunas personas que creen que el conocimiento solo está en la universidad, que solo se ejerce en las investigaciones intrauniversitarias, ese academicismo es bastante peligroso”.

No necesariamente, dice Avendaño, el conocimiento teórico-abstracto, es el más adecuado para resolver un problema en el mundo real, afuera de la universidad. “Lamentablemente muchos profesores universitarios solo conocen su ámbito, solo conocen la academia no han puesto las narices en el mundo real. Entonces, a veces lo que se demanda afuera, por sencillo que parezca, resulta inalcanzable para ese tipo de profesionales que tienen una limitación grande en el mundo extrauniversitario. Es un vicio que tienen las universidades y que he visto en muchos países y en Chile es muy fuerte”, puntualiza Avendaño. “El mundo académico-universitario chilenos como que se avergüenza del contacto con el exterior, es de bajo nivel andar preocupándose de un problema de productividad de una empresa o del mundo real”.

Para finalizar, exponemos un informe del McKinsey Global Institute (MGI) sobre cómo potenciar la la relación entre las universidades y la iniciativa empresarial, el cual indica que hay tres pilares fundamentales: el desarrollo de ecosistemas de innovación fértiles, crear y fortalecer una cultura emprendedora, y proveer financiamiento sostenido para nuevas empresas. Ante todo, la creación de un ecosistema de innovación.

El estudio del MGI señala que es importante tener fuertes lazos con los planes de desarrollo económico regional y son las Universidades las piezas centrales de las estrategias regionales de desarrollo económico, ya que a menudo son la principal fuente de innovación, fuente de talento y mano de obra local. La idea es conectar a varios actores para impulsar una agenda común.

También indica el estudio que debe generarse un cambio cultural en las Ues, desde una mayor iniciativa hacia la empresa a mayores lazos con la industria local.

Por último McKinsey destaca la importancia de la financiación disponible en estadios tempranos. La idea es generar programas para financiar el "valle de la muerte", que los emprendimientos con tecnologías innovadoras enfrentan antes de madurar su modelo de negocio.